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jueves, 20 de marzo de 2008

Con la escuela en Durango

En Febrero me tocó viajar con todo un autobús lleno de niños con edades entre los 8 y los 14 años, y ninguno era familiar mío.

Alguno pensará que... ¡vaya locura! Pues la verdad es que ha sido una de mis mejores experiencias de este año. No iba yo solito al cargo de todos, claro. El club en el que estoy entrenando, el C.R. Cisneros, organizó un viaje a Durango para toda la escuela y allá que nos fuimos a jugar.

Pocas veces he ido al País Vasco con tanto tiempo como esta vez. No me sobró tiempo ya que lo tuve todo ocupado, pero pude disfrutar de sus paisajes, un poco de su gastronomía y además, por supuesto, jugar al rugby.

Por la mañana nos tocaba jugar. El torneo en sí fué un poco desvirtuado para la categoría infantil, con la que participé, ya que en Euskadi no tienen las mismas edades que en Madrid (ni del resto de España) y nos resultó muy fácil ganar. Además jugamos en medio campo, otra aberración de los vascos para esta edad. En fin, allá ellos si quieren seguir distintos al resto de España.

No nos podemos quejar en absoluto de la hospitalidad del Durango R.T., que nos dió de comer a jugadores (con más hambre que un lobo tras jugar...) entrenadores y monitores.

Estuvimos comiendo en una sociedad al lado del río de la foto por el centro de Durango con lo que pudimos admirar los edificios y construcciones típicas de Euskadi con un sol que se agradecía. Gracias de nuevo al club local por su trato.


Al día siguiente tocaba paseo por los alrededores para que los chicos no estuviesen demasiado revueltos en el bus, y para que también disfrutaran de un buen día de campo que en Madrid tan difícil resulta lograr. En menos de una hora desde el albergue pudimos contemplar Durango desde lo alto de una de las montañas que rodean al pueblo. No me pidáis el nombre que entre mi memoria y los nombrecitos que tienen los vascos para sus cosas...

Desde lo alto del cerro nos hicimos la típica foto de grupo que aquí os pongo para que veáis la cantidad de gente que íbamos. Si eres de los que iba o eres familiar, búscate durante un ratillo.

Para terminar el viaje, mientras esperábamos a que nos recogiera el bus dimos con un miniparquecillo en el que terminaron con las energías que no habían quemado en el paseo. Ya me gustaría volver a tener las mismas que los niños.... ¿dónde se quedan cuando te haces adulto?

Volveré a Euskadi con un poco más de tiempo y ver la comarca que promete tener muy buenos paisajes, y sobre todo probar las delicias que no pude catar, ya que si vas a jugar y con la escuela no es plan de irse de chiquitos y de pintxos.