Y es que viajar siete días en un barco acompañado de gente estupenda por sitios preciosos es una aventura que le recomiendo a todo el que piense en poder hacerlo. Simplemente hay que tener ganas de pasarlo bien, conocer gente, lugares y como nos decían en el barco... dormir poco, que hay que aprovechar el máximo tiempo posible.
Lo malo, como me ha pasado en todo el viaje, es que al ser centro turístico, en Agosto está a rebosar en todas sus calles, y ni hablar en la Plaza de San Marcos.
Pero ese paseo en góndola no me lo quita nadie ya.
Llegamos a Grecia, a la isla de Santorini, con el protagonista del crucero, los burritos (yo lo que quiero es un burrito, un burrito que me lleve....).
La luz cegadora y el calor húmedo hizo difícil el día, y es que todo lo bueno cuesta un poco.
Nos quejamos del calor en España, y lo hace, pero en Grecia resulta más agobiante debido a la alta humedad o por lo menos eso me pareció.
Del paso por Kusadasi no tengo fotos, sí de Éfeso. En el siguiente artículo pongo alguna.
Allí, lo que no se nos olvidará a los que pasamos por allí fué ese rato de compras-regateo para conseguir esas auténticas falsificaciones turcas. Quien más, quien menos disfrutó de poder acomodar algo los precios, aunque seguro que los turcos salieron ganando más que nosotros. Vaya pandilla de comerciantes!!
Y por último Atenas, ciudad milenaria y olímpica. La pena de la visita es que el sueño acumulado no te deja disfrutar de lo que ves... que de cabezadas en el bus!! Le debo otra visita a esta ciudad porque Atenas no es sólo su Acrópolis.